En un choque donde los goles fueron más abundantes que los tiros, el RCD Mallorcojos se llevó la victoria por 4-2 ante los Dielow Drivers. Un marcador que deja a los visitantes con más preguntas que respuestas y a los locales celebrando como si no hubiera un mañana. ¿Acaso se dieron cuenta de que estaban jugando al fútbol y no al escondite?
Los de casa, que desde el pitido inicial parecían más motivados que un niño en una tienda de golosinas, lograron marcar su territorio en la cima de la tabla con esta victoria. Los Dielow Drivers, por su parte, parecen haber confundido el balón con un objeto volador no identificado, ya que su rendimiento fue más que discutible. La clasificación podría hacer que se replanteen si realmente están en la liga adecuada.
El partido estuvo marcado por una posesión inexistente, pero eso no impidió que los Mallorcojos, con una puntería digna de un francotirador, lograran perforar la portería rival en cuatro ocasiones. Las estadísticas de tiros y paradas, con la sorprendente cifra de cero para ambos equipos, dejan claro que el juego en sí fue más bien un desfile de goles que un enfrentamiento deportivo.
Aunque el espectáculo fue digno de un circo, no se vieron tarjetas amarillas ni rojas. Quizás el árbitro, al ver la paliza que se estaban dando los Goleadores de la Isla, decidió que lo mejor era dejar que el show continuara sin interrupciones. O tal vez se quedó dormido, que no sería la primera vez.
Con esta victoria, el RCD Mallorcojos se lanza como un cohete hacia la parte alta de la tabla, mientras que Dielow Drivers se hunde en la mediocridad con una racha que podría ser más adecuada para una obra de teatro triste. La afición local se fue a casa con una sonrisa de oreja a oreja, mientras que los visitantes se preguntaban qué demonios había salido mal.
Así concluyó un partido que, aunque no brilló por su calidad, dejó claro quién manda en la liga. La próxima vez, tal vez los Dielow Drivers se acuerden de que el fútbol se juega con los pies y no con la cabeza, a menos que quieran seguir acumulando derrotas en su hoja de vida. ¡Hasta la próxima!





